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La Verónica limpia el rostro a Jesús Nazareno en Villafranca

Jesús Nazareno de camino a su encuentro con La Verónica, en Villafranca (Toledo). Fotos/Javier Castellanos.

. Viernes Santo, una procesión marcada por la tradición y cargada de simbología


La Semana Santa llega a su fin en un Domingo de Resurrección marcado por el buen tiempo. La primavera que parecía resistirse a entrar en nuestras vidas decidía hacer acto de presencia coincidiendo con estas fiestas en las que la devoción y la tradición van de la mano.

    Y así viajamos hasta uno de los rincones de la provincia de Toledo donde sus procesiones, además de ese binomio tradición-devoción, también están cargadas de simbología. Llegamos a Villafranca de los Caballeros. En este municipio toledano, el Viernes Santo por la mañana se vive uno de los encuentros de la Semana Santa.

    La procesión cuenta con cuatro pasos Jesús Nazareno, La Verónica, Cristo Crucificado y la Virgen de la Soledad. El encuentro se produce a mitad del recorrido entre el Nazareno y la Verónica, escenificando uno de las caídas de Jesús cargando la cruz y el momento en el que la mujer le limpia el rostro, quedando este impregnado en el pañuelo que utiliza. La cofrades cambian en este momento el pañuelo blanco por otro en el que aparece el rostro de Cristo.

    Apuntar también que en ese momento la Virgen de la Soledad luce manto azul, ya que aún sigue a su Hijo en el camino del Calvario. Por la noche aparece ya con manto negro en la procesión del Santo Entierro.

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