junio 04, 2018

Pecados y Danzantes, la singularidad del Corpus de Camuñas

PECADOS Y DANZANTES-CORPUS CAMUÑAS 2018

Dos procesiones, en jueves y domingo, que ponen de manifiesto la vistosidad del Corpus Christi que se celebra en la localidad toledana, que ha vuelto a congregar a miles de visitantes


Miles de visitantes se daban cita el jueves y domingo para festejar uno de los Corpus más singulares y vistosos de la provincia de Toledo, los Pecados y Danzantes de Camuñas que, un año más han puesto de manifiesto la riqueza cultural e inmaterial de una celebración declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Desde el Ayuntamiento realizan un balance “altamente positivo”. Su alcaldesa, Carmen Cano, destaca que junto a las procesiones, Camuñas vive “intensamente” esta festividad que cuenta con sus vecinos y vecinas como “los mejores aliados” para poner al municipio en el centro del mapa. Y es que, subraya, “sin la colaboración ciudadana no sería posible llevar a cabo este tipo de eventos”. Un esfuerzo que este año, sin cabe, ha sido aún mayor debido a las tormentas que provocaron en los días previos tener que repintar algunas calles del recorrido procesional.

Cano agradece también el apoyo que viene prestando tanto la Junta de Comunidades como la Diputación, al que se ha sumado este año la ONCE con los 5,5 millones de billetes puestos a la venta el día 31 de mayo con la imagen de los Pecados y Danzantes. Precisamente una treintena de invidentes realizaban una visita turística el viernes, acompañados de la directora territorial de Alcázar de San Juan, Mercedes Zamora. El colectivo pudo conocer otra de la tradiciones de la festividad del Corpus en Camuñas, la llamada “Horca de los novicios”. Concretamente el grupo de los Pecados recorre las calles del pueblo con la comitiva del “Santo Paparro”, celebrando su peculiar “Día de los Tiznaos o Día de la Horca” en un escenario único, el Molino de La Unión.

En cuanto a la representación institucional la procesión del jueves contó con la presencia de la directora general de Turismo, Ana Isabel Fernández Samper: el senador del PSOE por la provincia de Toledo y alcalde de Cobisa, Félix Ortega; la diputada provincial, Mª Ángeles García; el alcalde de Villafranca de los Caballeros, Julián Bolaños y los concejales de Lillo, Villa de Don Fadrique, Cabezamesada, Mota del Cuervo (Cuenca) y Herencia (Ciudad Real). El domingo acudía a la cita el director provincial de Bienestar Social en Toledo, Gregorio Gómez Bolaños.

La procesión, paso a paso

Probablemente fue entre los iglos XVI y XVII cuando estas danzas adoptaron la argumentación de Auto Sacramental al uso de la época y comenzaron a ofrecer al Señor un magnífico tributo de ritmo, danza y color, adornando esta pequeña parte de la tierra con su singular manifestación de fervor religioso.

A lo largo de los siglos el ritual se ha ido dotando de diversas interpretaciones hasta llegar a nuestros días, en los que bajo el título de el triunfo de la Gracia sore el Pecado se desarrolla un Auto Sacramental mímico, que viene a representar la atávica confrontación entre el bien y el mal.

La parte principal de la representación comienza en la puerta de la Iglesia parroquial. Durante la celebración de la misa, los pecados, dispuestos en semicírculo, rodean el acceso al templo configurando una formación de asedio.

En los momentos más importantes del acto religioso, avisados por disparos de salvas, aullan y arrastran sus varas por el suelo en actitud agresiva, manifestando así su adversación por cuanto acontece en el recinto sacro. Tras la misa comienza una incomparable procesión.

En la Plaza del Reloj, los pecados realizan sus carreras contra los símbolos del bien. Un disparo de pólvora anuncia la inminente llegada de la Pecadilla. Este personaje alegoriza los pecados de la carne. Su pantalón blanco, similar al de los danzantes, simboliza el engaño y la seducción, mientras que la mitad superior revela la intención maligna que le anima.

Tras la sigilosa carrera de la Pecadilla viene el Pecado Mayor. Su atuendo rigurosamente negro y su careta de cerdo simbolizan el mismo demonio. Un largo aullido acompaña su carrera contra el Santísimo. A continuación entra en lid el resto del grupo que encarna los diversos pecados que sacan el lado oscuro del ser humano.

Por último, la estela del Correa, concluye la batalla. Su deslumbrante serenero rojo viene a emular los pecados del mundo. Uno a uno todos los portadores del mal caen abatidos y humillados ante el esplendor axtático de la Custodia.

En ese momento los danzantes comienzan a urdir su ritmo más complejo, a ejecutar su danza más trascendental, a tejer el cordón. Sus filas están encabezadas por el Cordel (danzante con un cordel al pecho) que representa la Justicia y por la Prudencia que guía la fila izquierda. Detrás viene un número indeterminado de almas positivas y, por último, cerrando la formación, un personaje inmóvil emula la ceguera de la Fe. Es el Judío Mayor, su nombre evoca pretéritas versiones de esos actos. En el interior de la formación una pica corta distingue al Capitán que representa la Caridad. El Alcalde, portador, de una vara larga y carente de ornamentos, tiene a su cargo la interpretación de la Esperanza.

El Tambor y la Porra encarnan la Templanza y la Fortaleza, respectivamente. Hacia el centro de la formación se puede ver un personaje de atuendo femenino y careta lampiña. Es la Madama (nótese la influencia francesa en este nombre). Simboliza la Gracia, el estado que agrupa todas las virtudes, el fin de los caminos erráticos del alma y la última puerta para su trascendencia.

A lo largo de la actuación de la Gracia va recorriendo la dos fila de danzantes, tomándolos tras sí hasta formar una larga y sinuosa columna, siempre cerrada por la Caridad.

Después, con cada uno de ellos, baila una danza intensa y frenética, por cuya virtud el alma asciende al estado de pureza y haciendo flamear un pañuelo, exterioriza su profunda alegría. Las incesantes evoluciones de la Madama van devolviendo al grupo su configuración original. Una vez restablecidas las dos filas, concluye el acto en súbito crescendo, que eleva el ritmo hasta los límites de los posible.

Los danzantes flamean al unísono sus pañuelos, celebrando el estado de perfección que les inunda. Durante el desarrollo de este acontecimiento, los pecados han permanecido apostados en actitud acechante tras las alegres filas de las fuerzas benéficas.

Después la procesión sigue su lento discurrir por las calles del pueblo, impregnando la atmósfera con sus aromas, su evocación barroca y su devoción. A lo largo del recorrido se suceden la impetuosas carreras de los pecados que serán frenadas a la altura del estandarte y detenidas ante la cruz, a cuyos pies caerán derrotados el maligno y sus embajadores una y otra vez hasta el fin de los tiempos, como está escrito.

La procesión finaliza con una frénetica carrera hacia la Iglesia parroquial por la cuesta de la calle La Tercia. Desde ahí, Pecados y Dananzates se dirigen al Ayuntamiento para protagonizar la última carrera frente a las autoridades, a modo de despedida.
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