octubre 04, 2017

"La Iglesia sigue alarmada por la falta de trabajo decente"

Así lo recoge el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, en su escrito semanal y de cara a a celebración del Día Mundial del Trabajo Decente el 7 de octubre


A la Jornada Mundial del trabajo decente, que se celebra este sábado 7 de octubre, dedica su escrito esta semana El arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, asegura en su escrito semanal que "la Iglesia sigue alarmada por la falta de trabajo decente". Rodriguez, coincidiendo con la Jornada Mundial del Trabajo Decente, que se celebra el 7 de octubre, pide que se pongan los medios para poner fin a la precaria situación que padecen los que carecen de un trabajo decente. Reproducimos el texto íntegro del arzobispo primado:

UNA INQUIETUD QUE NO ACABA
Desde hace ya bastantes años, conseguir un trabajo supone una tarea difícil, habiéndose agudizado esta situación tras la última gran crisis económica que ha padecido nuestro mundo europeo y occidental. Lo saben tantos y tantos españoles, sobre todo los jóvenes y los mayores de más de cincuenta años, que mes a mes han ido comprobando cómo se desvanecía su esperanza de un puesto de trabajo. Han sido y son años duros, muchas veces sin horizonte, en hogares donde los recursos iban disminuyendo paulatinamente, sobre todo al acercarse el periodo de carencia del subsidio del paro y no encontrar trabajo. Las condiciones son, sin duda, mejores ahora mismo, pero no son buenas, sobre todo para una parte de la población con precariedad de trabajo que sufre unas condiciones lamentables, aun cuando encuentra alguna ocasión de trabajar.

La Iglesia, y en ella grupos cristianos y organizaciones sociales y eclesiales siguen alarmados por la falta de trabajo decente. Esta definición se hace eco de unas palabras de Benedicto XVI con las que llamaba a “una coalición mundial a favor del trabajo decente”. A pesar de las dificultades que puedan existir en empresas y organismos para crear empleo y mejores puestos de trabajo, la dignidad de las personas debe ser siempre tenida en cuenta. 

Y es el llamamiento que yo puedo hacer desde estas páginas, consciente sin duda de mi poca fuerza, para proseguir en el empeño de que sean menos los que tengan un trabajo no decente, esto es, decente. Ya sé que pasamos en España todavía por problemas muy serios, con mucha zozobra de qué puede pasar, pero apelo a la buena voluntad, y en los católicos a contar con las fuerzas del Espíritu, para reflexionar sobre este problema serio, de cara a la Jornada mundial del trabajo decente el próximo día 7 de octubre.

Ya en 2016 se celebraron en muchas Diócesis españolas actos de presencia pública en la calle, de oración y de celebración, para no olvidar a estas personas concretas sin trabajo o con un trabajo tan precario que llamamos, por ello, no decente, de contrato cortísimos sin mucha cobertura social. El 70% de los hogares no ha percibido que los efectos de la recuperación económica les hayan llegado. Es una de las constataciones que la Fundación FOESSA ha presentado en la sede de Cáritas Española en un informe llamado Análisis y Perspectivas 2017. Desprotección social y Estrategias familiares. 

La gran recesión de los años 2007-2013 ha dejado sus secuelas. Una de ellas tiene que ver con el riesgo que tenemos como sociedad a acostumbrarnos a la precariedad. El informe es también una acción de crítica social y una llamada a la colaboración en la lucha contra la pobreza. La pobreza se hizo en esos años más extensa e intensa. Hemos conseguido estabilizar en cierta medida la extensión. Sin embargo, vemos que la intensidad, hasta hacerse tantas veces crónica, no se debilita. Por ello, no podemos resignarnos a la pobreza como algo natural.

El trabajo no decente significa luchar por cierta estabilidad en el empleo y no estar solo a merced de la oferta y la demanda. El Papa Francisco dirigió un mensaje a la Confederación Italiana del Sindicato de los Trabajadores (CISL) el pasado junio bastante incisivo: “Persona y trabajo son dos palabras que pueden y deben juntarse. Porque si pensamos y decimos trabajo sin decir persona, el trabajo termina por convertirse en algo inhumano que, olvidándose de las personas se olvida y se pierde a sí mismo. Pero si pensamos en la persona sin el trabajo decimos algo parcial, incompleto, porque la persona se realiza plenamente cuando se convierte en trabajador; porque el individuo se convierte en persona cuando se abre a los demás, en la vida social, cuando florece en el trabajo”. Podemos pensar que es que estamos en la economía del mercado y éste es de este modo. Digamos, pues, mejor economía social de mercado, como enseñaba Juan Pablo II. Si olvidamos la naturaleza social de la economía, mal iremos.

Hay que despabilarse y reflexionar sobre problemas verdaderos de los hombres y mujeres que conforman esta sociedad. Nos gustaría que tantos políticos como agentes sociales se preocuparan más de este trabajo no decente. La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Toledo organiza un ciclo de conferencias desde el 4 de octubre al 29 de noviembre en torno a las preocupaciones como son el trabajo y el bien común. ¿Por qué no aprovechamos esta oportunidad de acercase al sufrimiento de aquellos que o no tienen todavía trabajo o lo tienen tan precarios que no es decente? En las redes sociales encontraremos datos precisos de estas conferencias. Gracias.


+Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo
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