septiembre 08, 2017

Francisco Luzón recibe el homenaje más importante de su vida


El conocido economista, banquero y presidente de la Fundación que lleva su nombre, Francisco Luzón, para combatir y apoyar la investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que padece desde 2013, ha recibido hoy el homenaje del pueblo que lo vio nacer, El Cañavate (Cuenca). Reproducimos íntegramente su discurso:


"Quiero comenzar esta breve presentación dando a todo el pueblo, en mi nombre y en el de toda mi familia, mis más sinceras gracias por este regalo maravilloso que nos habéis hecho a todos nosotros.

Gracias de verdad. Porque para mí éste es el homenaje más importante que he recibido en mi vida

He recibido muchos. De todo tipo y condición. Pero éste es diferente. Porque éste es mi pueblo. Y éste es el pueblo donde Paco y Maria, mis padres, nacieron y vivieron buena parte de sus vidas.

Y hoy pienso en ellos, mis padres. Y los imagino ahora arriba, en el cielo, viéndonos a todos juntos...

Y por eso me resulta fácil a mí intuir que en estos momentos, en medio del universo, ellos están sonriendo porque están recibiendo un regalo que nunca imaginaron iban a recibir de sus vecinos cuando se vieron obligados a emigrar el País Vasco en el año 1953 con aquellas criaturas de 2 y 5 años, mi hermana Mary y yo, y con mi tía Manuela.

Quiero a este pueblo. Especialmente a partir del año 1996, cuando retomé el contacto con él apoyando la restauración de nuestra Iglesia y Ermita y la creación de la Hermandad de la Virgen de Trascastillo

Y muy en particular a partir del año 2010, cuando empecé a involucrarme más directamente con todos vosotros y con nuestra Señora la Virgen.

Siempre digo que mis raíces humanas se construyeron a partir de los valores que aprendí de mis padres y que ellos heredaron de los campos, la cantera, las heras, las calles y, sobre todo, de sus familias y vecinos de El Cañavate. Ellos me enseñaron mucho. Pero no hablando, sino haciendo. Ellos, con su comportamiento, me dieron clases todos los días de amor a la familia, de honestidad, de austeridad, de disciplina y de humildad.

Ellos me enseñaron que había que ser solidarios, cariñosos, orgulloso de las raíces y mirando siempre el lado positivo de las cosas. Y todo eso nació de aquí, de mi pueblo, porque aquí fue donde se forjó el gran legado de nuestro tronco familiar. Mis padres vivieron fuera de El Cañavate desde sus 31 y 30 años. Pero su alma siempre estuvo aquí. Aquí junto a la Virgen, y junto a sus familiares, amigos y vecinos.

Ese busto que está ahí no es mi busto. Es el de mi familia. Porque en mi rostro está el rostro de mis padres y de mis abuelos. Los Luzón y los López. Mis ojos son sus ojos. Y mi cara es su cara. Y mi mirada su mirada. Y por eso hoy quiero que mi mujer Maria José, hija adoptiva de El Cañavate, mis tres hijos y mi hermana María os lean ahora algunos breves párrafos de mi libro " El Viaje es la Recompensa " referidos a mis orígenes y primeros pasos de mi vida. Porque más que nunca hoy debo decir que sin este pueblo Paquillo no estaría hoy aquí o no sería el mismo”

Lectura familiar de algunos párrafos de “El viaje es la recompensa”

María José Arregui: “El Cañavate era una aldea de pequeñas casas y corrales de piedra o encalados de blanco, viviendas humildes entre las que destacaba la torre de la iglesia, un pequeño núcleo urbano en mitad de enormes campos arados y el río Córcoles. Hoy, una de sus plazas se llama Paco Luzón, como yo, como mi padre y como mi abuelo. Como mi hijo.

Estíbaliz Luzón: “Me sacó la Raimunda, alentada por el griterío de las mujeres presentes en el momento del alumbramiento; así llegábamos al mundo en los pequeños pueblos de La Mancha, arrullados por el jaleo de las voces femeninas animándonos a abandonar el calor materno”.

Iratxe Luzón: “Lo que no logro olvidar es el frío polar que pasábamos en el invierno, siempre que él nos permitía, nos arrebujábamos en torno a la estufa de hierro que quemaba madera en una esquina del aula. Yo entonces, en la escuela de don Rafael, era un niño estudioso y cabeza de la cuadrilla”.

Francisco Luzón: “En el verano, los amigos jugábamos en los alrededores de la ermita de la Virgen de Trascastillo. Y en la Cueva de la Mora, donde nos escondíamos, ajenos a la leyenda que guarda entre sus muros, la historia de Moraima y su peine de oro”

   Y al llegar aquí -vuelve a tomar la palabra Luzón-, quiero acabar estas palabras de agradecimiento a todo el pueblo extendiéndolas a la vida, vida que me ha dado tanto, y Vida que os animo a todos a vivir cada día intensamente porque la vida es lo más maravilloso que tenemos.

   Vive la Vida; El Cañavate: Vive la Vida!"



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