junio 15, 2017

"La procesión del Corpus no es espectáculo ni algo inmaterial"


Así lo ha dicho el arzobispo de Toledo, Rodríguez Plaza, en la alocución desde el Arco de la Sangre


El arzobispo don Braulio Rodríguez Plaza ha presidido la Santa Misa en la catedral de Toledo en rito hispano-mozárabe, en la fiesta del Corpus Christi según el calendario de este venerable rito. Con el concelebraban el arzobispo de Valencia, el cardenal don Antonio Cañizares Llovera, también el obispo auxiliar don Ángel Fernández y don Angel Rubio, obispo emérito de Segovia. El cardenal Cañizares ha impartido la bendición con el Santísimo Sacramento en la plaza de Zocodover.

Y desde ahí, concretamente desde el Arco de la Sangre, Rodríguez Plaza ha pronunciado su alocuación, llamando la atención sobre una procesión liturgica que "no es espectáculo", ha dicho, subrayando que "no es algo inmaterial. Es real".

Recogemos íntegramente las palabras del arzobispo de Toledo:

"Leo con frecuencia opiniones sobre la solemnidad del Corpus Christi. Se opina de muchas cosas sobre la aparición de esta fiesta; más sobre la Procesión, en ocasiones sin aludir a la celebración de la Eucaristía, ni cuál es su peculiaridad. Existe, pues, el peligro de fijar la atención en aspectos respetables, pero no los más importantes: que si la procesión tiene las características de un desfile cívico-religioso, que si la “Tarasca” y otros simbolismos, que si pecados y demonios, que si ornamentación de las calles, que si altares o no. Sin duda: la procesión litúrgica del Corpus, tras la celebración de esta Misa no es espectáculo; es la presencia de Jesucristo, que se prolonga por las calles y plazas, que recibe con alegría el Pueblo cristiano. No es algo inmaterial, que cambie. Es real.

¿Y qué sucede con quienes contemplan a Cristo en la Custodia de Arfe y no tienen fe o la tienen con muchas dudas y poca comprensión de este misterio? Bienvenidos sean y les pedimos respeto y un corazón abierto a la belleza, que siempre es nueva. La Eucaristía es siempre una conmemoración de un sacrificio, el de Cristo, Víctima y Altar, y, por ello, es también fiesta y banquete, al que Jesús nos sienta, si aceptamos su invitación. La celebración de la Eucaristía no ha cambiado desde que, tras la Ascensión del Señor a la derecha del Padre, la Iglesia la celebra, sobre todo el domingo, día del Señor. Pueden cambiar los modos de celebrarla, los ritos, las lenguas de la celebración, los cánticos y la música.

Tenemos una tradición, que procede del Señor y se nos ha trasmitido. En la noche que Jesús iba a ser entregado, tomó pan y pronunciando la Acción de Gracias, dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía. Lo mismo hizo con el cáliz y recalcó: Haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía”. Aquí hay un realismo. No estamos ante un lenguaje de sociología cultural: “Cada vez que coméis de este pan proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”. Algo le ha pasado a ese pan y ese cáliz con el vino, que se puede recibir dignamente, pero también indignamente, de modo que, sin saber qué se come o bebe, se come y se bebe la condenación. En el Evangelio proclamado, Jesús habla de vida, de comida y bebida que da vida, no a la manera del maná, que comieron los padres, sino que da vida para siempre.

¿Estas obleas y este vino, aunque sean de tan buena calidad, dan la vida? No, es que ese pan y ese vino es la Presencia de Cristo, el mismo Cristo, que se llama verdadera comida y verdadera bebida. ¡Qué Presencia, pues, tan atrayente y grandiosa, la de Cristo!

En la antigua alianza había los panes de la proposición; pero, como eran algo exclusivo del AT, ya no existen. Pero en el Nuevo Testamento hay un pan celestial y una bebida de salvación, que santifican el alma y el cuerpo (…). Por lo cual, el pan y el vino eucarístico no han de ser considerados como nuevos y comunes alimentos materiales (o simbólicos), ya que son el Cuerpo y la Sangre de Cristo, como afirma el Señor; pues, aunque los sentidos nos sugieren lo primero, hemos de aceptar con firme convencimiento lo que nos enseña la fe” (san Cirilo de Jerusalén, Catequesis 22, Mistagógica, 1.3-6)."


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Corpus Camuñas 2017