junio 26, 2017

El Papa recibe a un grupo de mujeres toledanas separadas


El Papa Francisco ha recibido esta tarde en audiencia privada al Arzobispo de Toledo, Rodríguez Plaza y a las mujeres del Grupo Santa Teresa de mujeres separadas de la archidiócesis, que coordina la Delegación Diocesana de Familia y Vida


Las mujeres han estado acompañadas también por el vicario episcopal de la Mancha y responsable de apostolado seglar de nuestra archidiócesis, Emilio Palomo, así como por el delegado diocesano de familia vida, Miguel Garrigós, el vicario judicial de nuestra archidiócesis, José Antonio Martínez, y el coordinador del grupo, Josué García, informa el Arzobispado en un comunicado de prensa.

Este grupo está formado por 35 mujeres que se encuentran separadas o divorciadas y que son atendidas por la Delegación de Familia y Vida de nuestra archidiócesis.

Un encuentro sencillo

Monseñor Braulio Rodríguez Plaza, tras el encuentro con el Papa, ha manifestado “que ha sido un encuentro sencillo en un ambiente distendido que ha durado hora y media y en el que las mujeres han entrado en diálogo con el Santo Padre a través de una serie de preguntas”.

  El Arzobispo no ha podido disimular su emoción al manifestar que “el propio Papa nos ha agradecido el haber venido cuando se trata de todo lo contrario; somos nosotros los agradecidos porque se trata de algo impagable”.
Todas las mujeres que forman el grupo han sufrido durante la separación o divorcio y han encontrado en la Iglesia una respuesta y atención a su situación concreta.

   “Este encuentro ha tenido lugar casi sin quererlo porque tras entregar una carta de este grupo de mujeres, junto a otra mía, al Papa, ha sido el propio Francisco quien ha mostrado interés en conocer personalmente cómo se trabaja pastoralmente en este ámbito” ha subrayado don Braulio. Y ha puntualizado: “Este trabajo forma parte de nuestro plan pastoral diocesano que quiere responder ante los problemas reales que existen en nuestra sociedad”.

Una experiencia increíble

Por su parte Miguel Garrigós, delegado diocesano de familia y vida, ha explicado al finalizar el encuentro, que “hemos vivido una experiencia increíble con el Papa Francisco durante la hora y media de audiencia. El Papa ha acogido a las mujeres con gran cercanía y cariño. Las ha alentado a continuar en su camino. Les ha hablado y las ha escuchado con mucha atención. El Santo Padre ha felicitado al Sr. Arzobispo por esta iniciativa, animándole a proseguir con la tarea. Yo por mi parte, personalmente he experimentado el Amor de Jesucristo a través de su Iglesia que nos bendice cuando salimos al encuentro de las personas que sufren”.

   El delegado diocesano de Familia y Vida ha explicado también que “el Papa nos ha insistido en que no tenemos vocación, como humanos, de permanecer heridos. Hemos de acostumbrarnos a vivir con la cicatriz, ya que da dignidad porque ha habido un sufrimiento detrás y nos ha puesto el ejemplo de las arrugas de los ancianos que dignifican a quienes las poseen”.

   La emoción del delegado de familia también se manifiesta cuando subraya una de las frases del Papa en este encuentro: “El perdón es difícil, pero va a la herida y a quién hirió. Es un camino y es una gracia de Dios. Creo que no se puede perdonar sin una gracia de Dios”.

   “El Papa ha pedido al grupo de mujeres Santa Teresa que lean íntegramente la exhortación apostólica Amoris Laetitia y con especial énfasis el capítulo cuarto” explica el delegado de Familia y Vida.

Educar desde el amor

Esperanza Gomez-Menor es una de las mujeres que ha sido recibida por el Papa y manifiesta que “se ha tratado de una experiencia genial donde hemos encontrado a un padre que nos ha escuchado con cariño y con una sencillez absoluta”. Esta madre de dos hijos ha preguntado al Papa cómo acertar en la educación de los hijos cuando los criterios de los padres son diversos a la hora de inculcar valores. “El Papa nos ha insistido en que desde el amor hemos de educar a nuestros hijos a amar y respetar a todo el mundo y que hemos de rezar por nuestros exmaridos”.

   Otra de las mujeres que se ha encontrado con el Papa es la talaverana Isabel Diaz que ha preguntado al Santo Padre acerca del papel de las mujeres separadas y divorciadas en la Iglesia. “El Santo Padre nos ha insistido en que, con nuestra experiencia, podemos ayudar a los separados a vivir este sufrimiento y, sobre todo, nos ha remarcado insistentemente que la Iglesia nos arropa y abraza”.

   Para Isabel el encuentro con Francisco se resume en los siguientes términos: “ha sido tener la experiencia de estar con un amigo y era como si estuviéramos en una de nuestras reuniones mensuales. Francisco ha sido muy cercano y muy amoroso con nosotras”.

   El grupo de mujeres ha regalado al Papa una encuadernación formada por las cartas personales que cada una de ellas ha escrito al Santo Padre, donde también han incluido dibujos realizados por sus hijos, además de un cuadro de damasquino y dos publicaciones propias de la delegación de familia y vida en su trabajo pastoral con padres jóvenes en la educación de los hijos.
Por su parte el Santo Padre les ha regalado un rosario haciendo entrega de cada uno de ellos a todas las mujeres que han participado en este encuentro.

Carta de las mujeres

El encuentro con el Santo Padre que este grupo de mujeres separadas ha mantenido hoy responde a la invitación que el Papa Francisco les efectuó el pasado 14 de abril, mediante una carta manuscrita enviada al Sr. Arzobispo de Toledo.

   Previamente, el Grupo Santa Teresa había enviado un escrito al Santo Padre, que le fue entregado por el Sr. Arzobispo, en el cual le explicaban los objetivos del grupo, así como las acciones que desarrollan.

   En el escrito, las integrantes del grupo querían “hacerle llegar su agradecimiento”. Y explicaban que “después de haber quedado sumamente reconfortadas al leer "Amoris Laetitia" queremos dar testimonio de nuestra historia y del apoyo que recibimos de la Iglesia, en la Diócesis de Toledo”.
Tras explicarle que “cada una de nosotras ha experimentado una vivencia semejante” que les ha conducido a una “tremenda decepción” y “con nuestra vida quebrantada y totalmente descolocada, nos hemos preguntado si esto es lo que quiere Dios... Y en algún momento no veíamos, Santidad, la forma de salir adelante con nuestros hijos, pero sobre todo con nuestras personas”.

   “Pero –añadían- en un momento concreto, alguien nos habló a cada una de nosotras de un grupo y decidimos ir un día a la reunión que este grupo tiene cada mes y, con bastante cautela miramos, alrededor en la sala... Contamos nuestra historia por encima y lloramos, lloramos mucho ese primer día, aunque se supone que ya lo habíamos llorado todo a solas o con muy poca gente. Y entonces esas mujeres y esos sacerdotes nos sonrieron, y nos dijeron que ya no estamos solas, y que nos entienden, que ya lo han vivido y que tienen sus brazos abiertos para una más; que allí están para lo que haga falta, que todo el grupo nos ofrece la mano porque ya no caminamos solas...”

   “Y descubrimos otra forma de amar, y salimos de esa primera reunión sabiendo que Dios también nos ama así, con lágrimas y desconcertadas, decididas a volver a sonreír porque vamos a enseñar a nuestra familia, ahora atípica, ese Amor y esa Misericordia divinos... Es duro ver a los hijos sufrir, y es más duro seguir enseñándoles a amar a todos, aun cuando te hieren... pero se puede, y esa es la lección que queremos mostrar y el testimonio que dar”.

   Las mujeres separadas del Grupo Santa Teresa querían así “agradecer a Su Santidad darnos espacio y hacernos sentir que formamos parte de la Iglesia”. Por eso le pedían “tener una ocasión de encuentro con Su Santidad para darle las gracias personalmente por hacer presente la Misericordia del Buen Pastor a las personas que nos sentimos en las periferias existenciales. Quizás podría ser buena ocasión para saludarle poder participar un día en la celebración de la Santa Misa, que Su Santidad celebra en la Capilla de Santa Marta”.


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