enero 02, 2017

La amenaza yihadista y alegato a la paz en la homilía de Año Nuevo

Reconocimiento a los "Comunicadores de la Palabra", tras la Eucaristía celebrada en la parroquia de San Julián.
Eucaristía en la parroquia de San Julián de Toledo por el Año Nuevo.

. Rodríguez Plaza dice que "la paz es la línea única y verdadera para el progreso humano", en referencia al mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz


El arzobispo de Toledo D. Braulio Rodríguez Plaza presidía la misa de primero de año a las 12 del mediodía en la Catedral Primada, informa el Arzobispado, Por la tarde en la parroquia de San Julián también presidía la Eucaristía. Una celebración que organizaba la delegación diocesana del Apostolado Seglar con motivo de Jornada de la Paz que este año llegaba a su 50 edición con el lema: La no violencia: un estilo de política para la paz.


   Además, se hacía un reconocimiento a determinados colectivos e instituciones vinculados a los objetivos marcados por el Plan Pastoral este curso. En esta ocasión, se reconocía la labor de los "Comunicadores de la Palabra", es decir, de personas y realidades que impulsan la transmisión de la Buena Noticia a través de los medios de comunicación –publicaciones parroquiales, programas de radio o televisión, gestión de redes sociales, colaboración en prensa…–. 

   Con este acto, explican, se quería destacar y agradecer la labor de tantos voluntarios y profesionales que trabajan intensamente por llevar a miles de personas a través de los diferentes medios el mensaje de Jesucristo, el Verbo de Dios hecho carne.

Homilía 1 de enero de 2017

No deja de ser un espectáculo llamativo ver cómo las ciudades europeas reforzaron su seguridad este fin de año y los inicios del 2017 en los lugares de celebración masiva, ante la amenaza yihadista. La amenaza es seria, pues este mal golpea a nuestra Europa en los cuatro puntos cardinales. Es cierto, pero no deberíamos olvidar, al contemplar las imágenes de plazas y lugares de fiesta, otros lugares donde el terrorismo también se ceba, en número aún mayor, con los inocentes, sin posibilidad de defenderse.
   ¿Cómo se soluciona esta situación deplorable? Queremos y exigimos seguridad. Y es justo. Pero, ¿hay una seguridad absoluta, incluso aquí en Europa, con los enormes medios de que dispone el Estado? Creo que no. Además, reitero, hay que pensar también en otras latitudes, donde muchísima gente se encuentra mucho más expuesta al impacto bestial de la violencia, que es siempre, en el fondo, nihilista. ¿Cómo solucionar de forma efectiva toda esta violencia? Nadie duda que el combate contra el terrorismo yihadista tiene una dimensión policial y militar. Pero, ¿basta con estas medidas? Estoy convencido de que no. Tampoco parece que lo esté el Papa Francisco, que nos ha escrito el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz nº 50.
   El Papa dice que se exige nuestra colaboración, nuestro concurso como protagonistas de este momento de la historia de la paz. Hay que construir una cultura de la vida, de la justicia y de la paz para 2017. Es un empeño cotidiano en los lugares donde vivimos: en la vida familiar, en nuestros barrios y pueblos, en el lugar de trabajo, en el modo de vivir el tiempo libre y el ocio, y, por supuesto, en el debate político y social, así como en la educación que proponemos a nuestros niños, adolescentes y jóvenes.
   No bastan, pues, los tanques, las armas para afrontar la cultura de la muerte, la violencia insoportable del terrorismo. Entre nosotros, por desgracia, la cultura de la vida brilla un poco por su ausencia. Debemos agradecer a las fuerzas de seguridad del Estado, a sus hombres y mujeres, su sacrificio y el riesgo que corren para defendernos. Pero todos estamos inmersos en esta batalla. ¿Y qué dice el Papa?
   Dice con claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano. No las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones de un falso orden civil. Cita él a Pablo VI, que advirtió del “peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir, de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por las fuerzas espantosas y mortíferas” (Mensaje para la I Jornada de la Paz en 1968). Pero también cita a Juan XXIII cuando exaltaba “el sentido y el amor de la paz fundada sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor” (encíclica Pacem in terris).
    Según el Papa Francisco, impresiona la actualidad de estas palabras, urgentes hoy como hace 50 años. Y lo que propone para nuestra reflexión es considerar la no violencia como un estilo de política para la paz, y pide a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores personales más profundos. Que la caridad y la no violencia guían el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. Para eso hay que vencer la tentación de la venganza. Tarea harto difícil.
   ¿Cómo es que propone el Papa Francisco este modo de resolver el terrible problema de la violencia yihadista o de cualquier otro tipo? ¿No es un modo iluso de proceder o proponer? Estoy seguro que muchos políticos y agentes sociales, economistas incluidos, lo piensan. ¿y qué piensas tú, yo mismo, ustedes, nosotros? Lean lo que dice el Papa; debatan cómo se producen en países y continentes el terrorismo, la criminalidad y ataques armados impredecibles, los abusos contra emigrantes y las víctimas de la trata; o la devastación del medio ambiente. ¿Con qué fin se hacen estas atrocidades? ¿Consiguen su propósito? ¿Qué es lo que se obtiene con este proceder? Sinceramente: desencadenar represalias y espirales de conflictos letales que benefician sólo a los “señores de la guerra”, que son legión.
   El Papa recuerda que también Jesús vivió en tiempos de violencia, y propone, lógicamente, su ejemplo, puesto que Él, Jesús, señaló el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz: el corazón del hombre. Perdonar, ofrecer la otra mejilla, amar a los enemigos nos parece muchas veces inverosímil. Pero Él trajo el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz y destruyó la enemistad, como afirma san pablo en Ef 2,14-16. Quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación.
   Para muchos la no violencia es entendida como rendición, desinterés y pasividad, pero en realidad no es así. En cualquier caso, ahí está el tema, sin duda muy candente. Yo les pido o les propongo que lean el texto del Papa. Miren si tiene razón o no. Yo creo que sí, pero no porque sea Obispo y he de hacer una defensa corporativista. No, lo creo porque quiero seguir a Jesucristo, el único que cambia los corazones; quiero revestirme de sus sentimientos. Sin duda es un tema apasionante, pero no sé si se debate en profundidad en los círculos donde nos movemos. Espero que así se haga entre los católicos, y mostrar caminos nuevos de paz, como tantos cristianos han hecho a lo largo de la historia y sus avatares.
   El Papa dice que la Iglesia Católica acompañará toda tentativa de construcción de la paz con la no violencia activa y creativa. Que todos deseemos la paz; y la construyamos cada día con pequeños gestos, pues muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla. Lo ponemos en manos de Santa María, Reina de la Paz, Madre de Cristo, cuya fiesta celebramos en este primero de enero. Feliz Año.

+Braulio Rodríguez Plaza, 
arzobispo de Toledo. Primado de España
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